viernes, 26 de marzo de 2010

Cultura General - FILOSOFIA SLOW

Recuerdan el FAST FOOD ¿?(comida rápida) o frases como “lo quiero para ayer”, “.. al conteo de tres y ya van dos” ¿?.. Estas frases no las tenemos que recordar las oímos día a día producto de lo vertiginoso que va el mundo, en una carrera contra el minutero ya que el fin es, robarle un segundo al tiempo para cumplir un objetivo o cumplir una meta. En mucho de los casos lo logramos, y en otros creemos hacerlo.

Pero sabes tú a que Costo ¿?... Que sacrificaste para lograr tus “METAS” ¿? … NOS HA HECHO MEJORES ¿?.

Costos como el alejarse del medio ambiente, esa supresión del concepto “familia”, ese autismo en nuestra vida espiritual y sobre todo ese deterioro de la salud producto del famoso stress, son los que han mermado nuestra sociedad como tal. Esta necesidad de volver a vivir en pleno, con las satisfacciones propias del ser humano contemplando la naturaleza, disfrutando de la familia, viviendo una plena espiritualidad y sobre todo gozando de buena salud, ha impulsado a un cambio de filosofía.

Esta nueva filosofía no pretende cambiar nada, es sólo vivir una vida más plena y desacelerada. Es saber cuando correr y cuando disfrutar del presente sin que nos distraigan las obligaciones de un futuro inmediato.

Esta “lentitud” no es sinónimo de pereza, torpeza o desinterés, es realmente una fuente de placer, útil para alejarse de una vida estandarizada regida por nuestro reloj que no nos permite disfrutar de momentos verdaderamente ricos para nuestras vidas.

Esta nueva filosofía es el Movimiento SLOW. Su origen data desde 1986. Todo comenzó cuando se abrió un restaurant de comida rápida en la Plaza de España romana. Carlo Petrini, periodista, se dio cuenta de los peligros que se cernían sobre los hábitos alimenticios de la población del viejo continente tan sólo por imitar los hábitos de los americanos. Por tal motivo fundó la semilla del movimiento, el SLOW FOOD.

La idea era simple; proteger los productos estacionales, frescos y autóctonos del acoso de la comida rápida y defender los intereses de los productos locales, siempre en un régimen sostenible, a través del culto a la diversidad, alertando de los peligros evidentes de la explotación intensiva de la tierra con fines comerciales. En síntesis es la educación del gusto, alimentación racional y el respeto por las tradiciones gastronómicas regionales.

Las palabras que los inspiran son “bueno, limpio y justo”.
Bueno: alimentos sabrosos, frescos, de temporada, capaces de estimular y satisfacer los sentidos.
Limpio: producidos sin perjudicar los recursos de la tierra, los ecosistemas y el medio ambiente, y sin poner en peligro la salud de los hombres.
Justo: que respetan los principios de justicia social. Permiten precios, remuneraciones y condiciones de trabajo dignos en todas las etapas del proceso: desde la producción al consumo. Entrenar nuestros sentidos para comprender y apreciar el placer de la comida nos abrirá los ojos al mundo.

Tras el SLOW FOOD, aparecieron nuevas aplicaciones a otros ámbitos esenciales de nuestras existencias como el sexo, la salud, el trabajo, la educación o el ocio que acabarían por conformar las áreas de influencia del movimiento SLOW.

Fieles a su filosofía su expansión ha sido lenta, sin prisa, pero sostenida, sin pausa, han pasado poco mas de 20 años para que la comunidad tome gran peso alrededor del mundo, impulsado además, por esa necesidad de cambios en la humanidad.

Mayor acogida ha tenido en Europa, pero también muchas ciudades alrededor del mundo están sumergidos en esta onda. La expresión álgida que constata la buena salud del movimiento la ejemplifican las denominadas Slow Cities;

Las Slow Cities, son lugares en los que ningún detalle queda al azar. Se concentra la actividad humana entorno a plazas, promoviendo la sociabilidad del ágora. Como no, se fomenta la producción de alimentos autóctonos, siendo incluso endémicos en algunos casos y los pequeños negocios artesanales brotan entre las callejas de los centros históricos.
Lejos de oponerse a la lógica capitalista, las Slow Cities se nutren de un turismo selecto que acude impulsado por los efectos positivos que absorbe a nivel sensorial.

Miembros del movimiento Slow Food en Estados Unidos dan charlas para promover entre los doctores un cambio radical en la cultura alimenticia, en una nación donde uno de cada seis niños es considerado obeso. El presidente estadounidense, Barack Obama, y su esposa iniciaron una campaña para tratar de disminuir los índices de obesidad infantil en su país, y las características del slow food se acercan a sus objetivos.

“Me fijé la meta de resolver el problema de la obesidad infantil en una generación, para que los niños que nazcan hoy lleguen a la edad adulta con un peso saludable”, dijo Obama sobre la campaña.
Programas como Let’s Move (Movámonos), que busca animar a los niños a realizar actividades físicas y a ser selectivos con sus alimentos o Time for Lunch organizado por Michelle Obama se mueven en línea a los preceptos del movimiento.
Para desacelerar la vida el movimiento Slow aconseja algunos modos de calmar el ajetreo cotidiano.
  • Conseguir un hobby o pasatiempo tranquilo, como la lectura, escritura, hacer punto (tejer), la pintura o la jardinería.
  • No pretender hacer todo de una vez: procurar poner una lavadora al día, en lugar de lavar toda la ropa una vez a la semana
  • Mirar poco el reloj; los fines de semana, procurar levantarse de la cama respetando los ritmos naturales del sueño, en lugar de ponerse la alarma (el despertador), así como no llevar el reloj encima.
  • Hacer la compra en un mercado de productos frescos (preferentemente local y con puestos de los propios agricultores).
  • Preparar una comida para poder sentarse con tranquilidad, y saborearla sin tener encendido el televisor o leyendo algo que genere sosiego.
  • Disfrutar de la conversación, si se come con otras personas, o de la paz que puede dar el comer solo.
  • En vacaciones, procurar bajar el ritmo; no intentar llegar a todo lo que nos gustaría ver y visitar. Viajar a ciudades con restaurantes de comida local donde se pueda comer con tranquilidad.
  • Limitar la lista de cosas pendientes; tomarse el tiempo necesario para las personas y actividades con las que se disfruta.

En fin, la idea es cambiar nuestra filosofía de vida, disfrutando de lo que nos rodea y queriéndonos más.

1 comentario:

  1. Interesante, es cuestión de ponerlo en práctica, para desacelerar la vida importante prescindir del bendito celular y el internet que acapara la atención de hermosos y buenos momentos en que estamos compartiendo con familiares y amigos...... En fin demos importancia a lo que realmente lo tiene.

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